viernes, 23 de febrero de 2024

No hay que subestimar la incapacidad de la oposición para ponerse de acuerdo

 

Por: Víctor Álvarez R. / Director del Proyecto Pedagogía Económica y Electoral

Una oposición dividida, desorganizada, sin un candidato único y unitario, y sin un programa de gobierno que estimule a votar, es incompetente para salir victoriosa en unas elecciones competitivas.

La mayoría de los partidos carece de una estructura organizativa en todos y cada uno de los estados, municipios y parroquias del país, no cuentan con una militancia organizada, no tienen una maquinaria electoral con testigos que defiendan los votos en cada urna frente a la poderosa maquinaria electoral oficialista que correrá con ventaja al utilizar a su favor los recursos del Estado.

Aunque se logren unas elecciones competitivas, si la oposición no está en capacidad de competir con un candidato único y unitario, un programa de gobierno que entusiasme al electorado, y el respaldo de una poderosa maquinaria capaz de movilizar masivamente el descontento nacional, no podrá capitalizar electoralmente la ventaja comparativa que le otorga el enorme rechazo al gobierno.

Quienes tienen la certeza que con la inhabilitación de María Corina Machado (MCM) por el TSJ será imposible inscribir su candidatura en el CNE, plantean que la PUD no debe seguir perdiendo tiempo ni esperar hasta el último día de inscripción para anunciar al nuevo candidato. Aferrarse a una candidatura que no puede correr en la carrera presidencial es poner en peligro lo que el país descontento sí puede lograr en torno a una candidatura de consenso: es decir, capitalizar electoralmente el enorme rechazo al gobierno para lograr un cambio en el mando político por la vía electoral y pacífica.

Desde Barinas dejó escuchar su voz el gobernador Sergio Garrido, quien dijo: “No nos vamos a parar por María Corina Machado, escogeremos otro candidato”. Garrido personifica el éxito de una decisión pragmática y oportuna que se tomó en tiempo real cuando Freddy Superlano -el candidato de la PUD a la gobernación de Barinas-, le fue desconocido su triunfo, convocaron nuevamente los comicios pero lo inhabilitaron a él y también a su sucesora para que no pudieran competir y ganar. La PUD hubiese podido llamar a la abstención, pero para capitalizar electoralmente el enorme rechazo al candidato oficialista, el candidato inconstitucionalmente inhabilitado se hizo a un lado y apoyó a un candidato de otro partido, quien finalmente se alzó con la victoria de la oposición en el emblemático estado de Barinas, la tierra donde nació Hugo Chávez, el líder de la Revolución.

Pero ahora resulta que, según MCM[1], Sergio Garrido resultó ser el candidato que Maduro quería que ganara las elecciones en Barinas y por eso no lo inhabilitó y lo dejó competir. Dijo MCM: “Ya lo vivimos aquí, mucha gente habla del caso Barinas donde Maduro inhabilitó al candidato que había ganado, después a otro y después a otro, y terminó quedando un candidato, un gobernador, que hoy es absolutamente afín a Maduro, sigue la narrativa del régimen, promueve sus ideas y planteamientos”. Por ese camino, MCM se terminará peleando y alejando de sus aliados de la PUD. Y con esta incapacidad de la oposición para ponerse de acuerdo, hay un creciente riesgo de que la moraleja de Barinas sea dejada a un lado si no se consigue pronto un sucesor.

Ante el reclamo por no tener una fecha clara para las presidenciales de 2024, el oficialismo reaccionó con el llamado a Elecciones Ya. Una vez inhabilitada MCM por el TSJ, la nueva jugada del gobierno es apostar a que -en un lapso tan corto-, los partidos de la PUD no logren escoger una candidatura de consenso, se dividan y decidan abstenerse. Solo así el gobierno podrá convertir en mayoría el decadente apoyo que registra en las encuestas.

La candidatura de consenso todavía no existe y hay que construirla. Y no puede ser una decisión personal de MCM, toda vez que los partidos de la PUD van a exigir participación para escoger a su candidato presidencial. Intentar imponer a dedo al sucesor o sucesora, sin consensuar con la PUD, es una huida hacia adelante, es seguir a toda velocidad en la dirección equivocada. Y la dirección equivocada es ir a contravía del consenso necesario, que lleve a una nueva división y abstención que pongan en peligro la posibilidad real de capitalizar electoralmente el 75% de rechazo al gobierno.

Mantener viva la posibilidad de cambio pasa por convenir lo antes posible un mecanismo para escoger un sucesor, mecanismo en el cual MCM debe participar activamente. Sin su decidido apoyo a la nueva candidatura aumenta la probabilidad de que la oposición se divida, se abstenga y sea derrotada. Los partidos de la PUD que reconocieron el triunfo de MCM en la Primaria presidencial han dicho que una cosa es la candidatura unitaria y otra cosa muy distinta es el liderazgo político de la coalición opositora. Esta tensión impidió consolidar una unidad sincera en torno a MCM. Se nota un distanciamiento y falta de comunicación entre la candidata y los líderes de la PUD que la han dejado prácticamente sola. MCM también los subestima y no los convoca porque los 12 aspirantes que le disputaron la candidatura presidencial no sumaron juntos el 8 % de los votos escrutados, y los hechos dicen que le suman muy poco a su propio caudal electoral.

La posibilidad de que la PUD pueda participar en las presidenciales de 2024 emplaza a buscar un nuevo candidato. Este no podrá ser ninguno de los que compitieron en la primaria presidencial. Al precandidato que llegó de segundo con apenas el 4% de los votos lo expulsaron de su partido, y el resto de los precandidatos no logró el 1%. Y como MCM se llevó el 92,35 % de los votos, ninguna coalición en el seno de la PUD suma lo suficiente como para imponer su voluntad, tal como lo hacía entes el G-4. Aun así, los partidos de la PUD no están dispuestos a dejar que MCM se arrogue la prerrogativa de escoger y levantar la mano al sucesor.

Una vez electa MCM en la Primaria del 22 de octubre, los partidos de la PUD no se dedicaron a construir una poderosa maquinaria electoral, capaz de movilizar a los seguidores y de defender los votos en todos y cada uno de los centros y mesas electorales que se instalarán a lo largo y ancho del territorio nacional. Este trabajo lo asumió el partido de MCM, Vente Venezuela y SUMATE. El ex coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús “Chuo” Torrealba cuestionó que: "La dirigencia de los partidos de oposición esperan que el Gobierno les haga el favor de quitarle del medio a María Corina. En vez de exigir su habilitación, tienen la esperanza de heredar su caudal electoral".

MCM ha dicho “sin mí no habrá elecciones” e insiste en mantener su candidatura hasta el final. Y sus seguidores dejan oír su voz: “o es MCM o no es nadie”. Se siguen confundiendo deseos con realidades. La personalización de la política, el culto a la personalidad y las estrategias gobernadas por el voluntarismo y la ambición personal llevarán a perder un tiempo crucial que pondrá en peligro la mejor oportunidad de cambio político en los últimos 25 años. Al país descontento con el gobierno y la oposición no se les ofrece un proyecto político de cambio, sino que se les convoca a apoyar incondicionalmente a un líder con ínfulas de mesías y redentor. Se impone despersonalizar la opción política para motivar y movilizar a los ciudadanos en torno a un proyecto de unidad nacional esperanzador, cuyo exponente pueda ser cualquier candidato íntegro y decente, que intérprete el sentir nacional y reúna las condiciones básicas para ser jefe de estado y presidente del gobierno.

Pero mientras la esperanza de cambio gire única y exclusivamente en torno a una persona que se aferra a la idea de que si no es él/ella no es nadie, el país descontento seguirá viendo como las aspiraciones nobles, se convierten en ambiciones particulares que finalmente se degradan a codicia personal y llevan a desperdiciar las oportunidades históricas de cambio. Para no perder la mejor oportunidad de cambio en el mando político que tiene el país descontento con el gobierno y la oposición, es necesario despersonalizar la opción política y -en vez de rendirle culto a un liderazgo mesiánico-, más bien promover la organización y participación electoral en torno a un gran proyecto de reencuentro, reconciliación y reconstrucción nacional que motive y movilice al país descontento a votar masivamente para poder lograr una solución electoral y pacífica del conflicto venezolano.

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